¿Podrianos cambiar la pagina?
Cuando escribo, deseo.
Deseo que todo no sea mas que un pequeño jardin que cuelga de mis ojos, y se balancea al viento tibio de la memoria.
Espero no desaparecer.
Te espero.
miércoles, 13 de abril de 2011
En Guerra
En guerra habitual, como es habitual lo que nos pertenece, y vuelve cada vez con mas fuerza, deshaciendo lo sostenible, porque esta en nosotros, en nuestro espíritu perdido. Nos pertenece el salvajismo; las guerras del dinero y de la venganza. Hay guerras interiores que recorren su espacio físico sin dejar memoria. Hay noche en las cosas que nos pertenecen. Hay noche en los ojos del moribundo que dice llamarse como nosotros, que tiene el pecho tatuado de cosas no dichas. “No tuvimos noches juntos, de esas secas, como moscas secas en las telas de las arañas viejas. No tuvimos melancolía de amor porque, supongo, nos urgía ese estar juntos, secos, como peces en orillas multicolores de una vida en rebanadas. No tuvimos redundancia leve, toc-toc del amor que reverbera adentro del corazón y del pecho y naufraga, en el mudo disgusto de la tormenta que se va y no vuelve. No tuvimos la humedad del ardor en las entrepiernas, el licor que nos supure de la lengua para afuera en los rincones eternos en donde guardábamos viejos polvos secos como tiernas arañas disgustadas con el olvido.” Podría enumerar mis muertos, mis heridos graves, el sollozo devenido en lamento de las piedras. La ausencia total, absoluta de melodía en el articulado del cadáver que se fragmenta y se queda en la hierba que lo cubre de toda suposición y vanidad. “Luego de la batalla, el campo quedo sembrado de enemigos. Los amigos saquean los huesos de los que quedan. El cielo se cubre de insectos y otras larvas, el olor dulce de la siembra los atrae, me quedo mirando como me desmenbran, sacándome lo que ya no me sirve ni siquiera para deshecho, para abono de la tierra, para nada. Miro los sucios destellos de un sol que se muda y tiñe de oscuro lo que aun no he visto y me quedo, seco, raíz sin tierra, para quedar allí, tendido, a merced del tiempo y sus secuaces.” Hay una guerra verbal inmiscuida en el habla cotidiana del sujeto que observa la rapsodia obscena de un cuerpo herido. “Sebald decía que los aliados bombardearon a la población civil alemana (indefensa, refugiada en los subterráneos berlineses, con el temor al ruido ensordecedor y a la oscuridad) en “demasía”. Venganza por lo hecho, por haber cuidado y ayudado al huevo de la serpiente, por los horrores que aun hoy (mitad de 2010) siguen sucediendo en Francia con la deportación de la etnia gitana porque afean el espacio publico Europeo. Y a pesar de tanta lagrima, aun no se lavan las veredas con los coágulos de sangre que las “Ligas Patrióticas Argentinas” hicieron salir del cuerpo indefenso de un judío al que obligaban a cantar el Himno Nacional Argentino, solo salían por su boca, los dientes blancos, en un cercano 1920 o alrededores.” Hay pequeños destellos de cada noche en la noche, y los patanes que deambulan peatones, y supura la luz aguachenta del agujero justo encima de los pequeños poemas desinflados. ¿Para que recojo los restos de estas inútiles palabras? La guerra es una extensión salvaje de la ternura humana. Nunca veras a los animales en guerra, aunque, silenciosamente, hacen rondas y vigilan; sus ojos pueblan las mazmorras vacías y dejan huellas blancas en la arena indefensa. Ellos nunca entraran en guerra. Solo el hombre utiliza el eufemismo, le devora los hoyuelos y enmudece ante el diluvio tibio de tanto dolor. No hay guerra ciega ni tonta. La guerra es una noche interminable con olores sobre las formas, cruentas formas en la codicia por el lugar del otro, el conformismo del otro, su suavidad, su destreza. Cuando con los labios no alcanza para silbar de memoria, entre el ruido seco y duro de la muerte entre los escombros. Y recuerdo que había una palabra que aludía a la patria, con simulacros en las vocales y una ausencia en la condición social del acento ortográfico en descubierto. Hay noche en la guerra, en donde todo se detiene unos metros y retrocede al ámbito de los sueños.
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